The Hidden Room

¿La abandonamos?

Anécdota del día vol.1

Me he pintado la raya del ojo en un autobús en marcha. Iba tarde, con mala cara, así pues, que la raya no falte. Ni espejo, ni estabilidad, ni nada, solamente doblar las rodillas, es decir, ponerlas sobre el asiento, sujetar el móvil entre ellas a modo de espejo e intentar atinar por donde se debía. Y no, ni me saqué el ojo ni quedó mal.
Olé.

Viva mi humor

Situación:
Alba está en mi cuarto jugando conmigo al SoulCalibur IV en la xbox. Mi casa está vacía, pues mi madre se ha ido al cementerio por, bueno, sus razones. Mi padre no tengo ni zorra de dónde está. Llega mi hermano a casa, asoma la cabeza por la puerta de mi habitación y comienza el diálogo que expongo a continuación:
- ¿Dónde está todo el mundo?
- No están.
- Eso ya lo veo. ¿Dónde han ido?
- Papá no lo sé. Mamá está en el cementerio.
- ¿Y eso?
- Ha muerto.
...
Tras una breve pausa, Alba cae en la cuenta de lo que he dicho y mi hermano se queda con una cara que no ha tenido precio. Posteriormente, han comenzado las carcajadas y mi hermano me ha dicho, con tono de cachondeo y pique por el vacile que le he hecho un:
- Qué gilipollas eres.
Más risas y mi hermano abandonó la casa.

Fin.

Sentidos

- No puedes ni oler, tocar ni ver. - dijo ella, sin que viniera a cuento.
- ¿Qué? ¿El qué? - respondió él, mirándola y dejando que las preguntas partieran de sus ojos.
- No a qué, a quién. - continuó, frunciendo el entrecejo.
- Bueno, ¿a quién?
- A mí.
Él levantó las cejas, haciendo que en su rostro se asomase un pequeño atisbo de tristeza.
- ¿Y eso por qué?
Ella lo miró, muy seria, más seria de lo que nunca había estado... Hasta que su cara se suavizó con una media sonrisa.
- Porque esta noche quiero poder hacerte feliz sólo con mi voz y mis besos.

Me reitero

Odio los autobuses: me hacen pensar cuando no quiero hacerlo.