¿Todo aquello era algo normal? Las dudas, la ignorancia, la esperanza y, sobre todo, el miedo. El miedo a obligarse a avanzar siguiendo un camino que no era el que querías.
Ya sé que lo era, que era un estado común en las personas, pero no era mi estado, nunca. Y ahora me encontraba así, sintiendo cosas para mí desconocidas y que me hacían tremendamente vulnerable.
Perfecto, justo lo que siempre había buscado: ser débil.
Tenía que sacar la voluntad para avanzar, para salir de esa congelación en la que estaba perdida, indefensa. No quería sufrir, pero era algo que iba a tener que suceder, lo presentía, lo sabía, igual que sabía que todo tiene un final, y no siempre uno feliz. La cuestión era decidir cuándo hacerlo, cuándo sacar la valentía y, sinceramente, tenía que ser pronto.
Llevaba cargando con ello mucho tiempo, demasiado.
Tenía que ponerle fin. Ya.
