The Hidden Room

¿La abandonamos?

El fin de algo

¿Todo aquello era algo normal? Las dudas, la ignorancia, la esperanza y, sobre todo, el miedo. El miedo a obligarse a avanzar siguiendo un camino que no era el que querías.

Ya sé que lo era, que era un estado común en las personas, pero no era
mi estado, nunca. Y ahora me encontraba así, sintiendo cosas para mí desconocidas y que me hacían tremendamente vulnerable.

Perfecto, justo lo que siempre había buscado: ser débil.

Tenía que sacar la voluntad para avanzar, para salir de esa congelación en la que estaba perdida, indefensa. No quería sufrir, pero era algo que iba a tener que suceder, lo presentía, lo sabía, igual que sabía que todo tiene un final, y no siempre uno feliz. La cuestión era decidir cuándo hacerlo, cuándo sacar la valentía y, sinceramente, tenía que ser pronto.

Llevaba cargando con ello mucho tiempo, demasiado.
Tenía que ponerle fin.
Ya.

Perfecto

El jueves pasado, mi padre volvió a olvidarse de mí. Lo había llamado un par de horas antes para recordarle que tenía que recogerme en la Universidad. Además, mi madre se lo había dicho la noche anterior.

Sin embargo, como bien sabía que iba a pasar, se olvidó de mí y se marchó al pueblo, dejándome sola y coja esperando en un banco. Así pues, le di un toque, me llamó y me dijo que tardaría diez minutos, que esperase, aunque total, ¿qué iba a hacer, marcharme corriendo?

Al rato viene, me recoge disculpándose y riéndose, cosa en la que lo acompaño. Llegamos a casa y mi madre le echa la bronca, puesto que no es la primera vez que se olvida de mí. A esto, que mi padre pronuncia estas preciosas palabras:

"A ver, cariño: unos se olvidan de la cartera, yo me olvido de mi hija".

Empiezo a pensar que mi padre no me quiere XD.

Fuera vendas

Hoy me han quitado las vendas del esguince y me encontré con esto (las pongo en pequeño, por si a alguien le da reparo):



Y el moratón sigue, pero ahí están las vendas naranjas.
¡Ah! Y he de ir apoyando el pie en el suelo... Y duele un huevo.

Dedicatoria

Hace tiempo, una profesora me escribió una dedicatoria en un libro. Mi odio por esa profesora era tal que ignoré por completo lo que decía, aunque no fueran palabras suyas. Hoy encontré el libro y las palabras escritas por ella han calado por completo, tal y como deberían haber hecho en su momento.

"No son otras personas ni otros acontecimientos los que me hacen ser desgraciada. Es nuestra mente la que genera el miedo, por eso nada nos puede dañar excepto nuestros propios pensamientos. Sanar nuestra actitud es sentirnos libres para elegir los pensamientos que ponemos en nuestras mentes, sabiendo que cambiándolos podemos cambiar nuestra propia experiencia".